Siéntate hacia el borde para activar la musculatura postural, distribuye peso en isquiones y alinea orejas, hombros y caderas. Inhala por la nariz contando cuatro, exhala seis, suaviza la mandíbula. Esta simple relación alarga la exhalación, regula tensión y prepara cada microsecuencia siguiente.
Realiza círculos lentos de tobillos, muñecas y cuello, priorizando amplitud cómoda sobre velocidad. Diez repeticiones conscientes despiertan lubricación sin esfuerzo. Evita colapsar la zona lumbar; imagina crecer desde la coronilla. En un minuto sentirás calor amable y mayor sensibilidad para moverte con criterio.